jueves, 17 de mayo de 2007

Carta a Francisco Rivera Pantoja

Entras en mi casa a lomos de los rayos catódicos (imagino que no es por tu gusto), acompañado de voces gritonas y superpuestas, apenas inteligibles. Observo por tu actitud, paciencia, pachorra mas bien, que lo asumes con resignación inteligente.
Desde muy pequeño, toda tu existencia es una dura pelea con la vida, inmerso en unas circunstancias "especiales", se te nota vacunado contra toda esa jauría que impide tu paso.

Dicen de ti que eres inculto, mal estudiante, vago, juerguista. Juzgan tus actos con criterios ecuménicos integristas, cuando solo se te puede acusar de una cosa. Ser joven.

Yo te admiro. No. No es admiración, la palabra. Respeto. Si. Yo te respeto, te percibo como un joven al que la vida ha dotado de una fina inteligencia que te capacita para andar por ella, por la vida, en busca de la felicidad. Nada nuevo, como todo el mundo.

Admiro tu paciencia, como te refugias en tu pequeña burbuja particular. Como aceptas a tu familia, como disfrutas de tu juventud. Estoy seguro que encontrarás tu camino, pese a que no lo tienes fácil, se adivina en tu actitud el sentido común y, con ese filtro, la vida te dará la educación y conocimientos suficientes para lograr esos objetivos de felicidad. Este mundo está sobrado de necios ilustrados, no tienes de que avergonzarte, sigue tu camino y tus méritos serán reconocidos. Eres buena gente.

Suerte, amigo


P.D. Te dedico una canción, que posiblemente no conocerás, que debería ser un himno para tu rebeldía. "Don't let me be misunderstood" de The Animals, 1965.

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